by Samaria Márquez Jaramillo

C o n t e n i d o

Editorial

Ahora todos estamos inmersos en algo que no encaja, que está roto, desajustado, desacoplado.
Normalidad es la cualidad o condición de normal (que se ajusta a las normas o que se halla en su estado natural). En un sentido general, la normalidad hace referencia a aquel o aquello que se ajusta a valores medios.
Se habla de nueva normalidad, el término corresponde a lo que quiere decir NN: No-nombre. ¿Qué es la nueva normalidad y de qué estado natural depende? ¿Se puede llamar estado natural una pandemia? Esa nueva normalidad es provisional, precaria e inestable.
Un colectivo es una agrupación social donde sus integrantes comparten ciertas características o trabajan en conjunto por el cumplimiento de un objetivo en común.
Para la gramática, un sustantivo colectivo es un término que, en singular, permite expresar una agrupación de objetos, personas o animales semejantes. De este modo, se diferencian de los sustantivos individuales: “Pez” es un sustantivo individual, mientras que “cardumen” es un sustantivo colectivo que refiere a un grupo de peces. De igual forma, “bandada” es el sustantivo colectivo que nombra a una agrupación de pájaros. Gente es un conjunto de personas y es redundancia aplicarle plural (gentes). Alumnado es un nombre colectivo, mientras que alumno es individual). Manada, coro, alameda, enjambre, tropa, donde todos en uno si caben. La integración para que sea convergente y construida como solución a una situación no normal, tácitamente debe incluirnos dentro de un sustantivo colectivo que no sea un adjetivo en plural.
¿Realmente hay una nueva realidad? Todo parece indicar que lo que hay es nueva gente. No hay normalidad, ni vieja ni nueva, lo que hay es un proceso de normalización que consiste en neutralizar todo lo que no encaja.
No encajamos en el sucederse de las fases hacia la «nueva normalidad». Estar raros es nuestra manera de rebelarnos contra el proceso de normalización en marcha. Hay una desincronización entre el ritmo objetivo de las fases y nuestro propio ritmo subjetivo. ¿Por qué no encajamos? Hay restos en nosotros de lo que hemos vivido estos meses. Huellas de un acontecimiento. Efectos de la interrupción. La experiencia vivida ha dejado sus marcas en nosotros. Esas marcas nos desvían del camino automático hacia la nueva normalidad, demasiado parecida a la vieja aunque lleve mascarilla.
El Estado es ciego a las desigualdades y las singularidades de las formas de vida. ¿Y los que no tienen casa? ¿Y los que viven al día? ¿Y los que viven en un lugar pequeño y son muchos? ¿Y los que tienen peculiaridades físicas o psíquicas que convierten el confinamiento en un encierro insoportable?
El Estado actúa bajo la preexistencia del deber ser, no ve las diferencias que atraviesa la anormalidad que quieren meter en normas y sustantivos para crear una realidad que inaugura, con pases de prestidigitador, situaciones inexistentes.