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C o n t e n i d o

Editorial

Corría el 2010, era el 17 de diciembre  y lo que se narrará ocurrió en la República Tunecina. Mohamed Tarik Bouazizi tenía un puesto ambulante de frutas. Él, desde sus 10 años de vida soñaba con ser dueño de una camioneta y aumentar su negocio. Sin embargo, el día referido tenía 27 años y seguía empujando su carreta de dos ruedas. Sus horizontes eran la   ambiciosa, trepadora y  sin escrúpulos corrupción, el poderío de los policías que recién iniciado ese día, como era habitual, le exigieron dinero para dejarlo trabajar. Mohamed dijo:

“¡No! ¡Basta! ¡Estoy cansado! Tengo como único patrimonio 150 dólares, con ellos compro la mercancía que vendo durante 12 horas, teniendo por delante mi carreta y mis manos y mi fuerza sosteniéndola y haciéndola avanzar ,no podré ya nunca más pagar por trabajar y no obtener siquiera 2 dólares para comer”.

Ese día los policías le destrozaron la balanza, le voltearon la carreta, le pisotearon las frutas y Mohamed Tarik 

salió corriendo. No huyó. Compró un bidón de gasolina, se lo echó encima desde su cabeza, esperó que su cuerpo estuviera bien impregnado del combustible y arrimó a su pecho un fósforo encendido. Además de estar muy cansado,  consideraba, y lo había dicho, que su dignidad castrada le ocasionaba un intenso dolor y que vivir así ¿para qué?  Su inmolación dio inicio a la llamada Primavera Árabe. Durante su agonía miles de tunecinos se rebelaron contra las malas condiciones a las que el país estaba sometido, causando un efecto dominó en el resto de las naciones árabes. En el desierto del Sahara los bereberes se amotinaron y con sus disturbios obligaron al presidente Zine El Abidine Ben Alí a huir a Arabia Saudita. Mohamed Tarik no pretendió ser héroe. Solo quería trabajar para que su hermana Leila se graduara en la Universidad.

Ojo, cuidado con la rampante cleptocracia (clepto: robo; cracia: poder. Cleptocracia: dominio de los ladrones, armados con nepotismo, clientelismo y peculado). Los ciudadanos, para no llegar a convertirnos en bonzos, tenemos que empoderarnos y denunciar prácticas administrativas ilegales que atan y convierten en minusválida a la gobernanza.