by Samaria Márquez Jaramillo

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Editorial

“Imagínese, una casa en la que una ventana permanece iluminada durante altas horas de la noche, en un país sometido a una dictadura. Si por enfrente pasa un médico, pensaría que una madre cuida a su hijo enfermo. Si es un filósofo el que la contempla, deduciría que se trata de un estudiante que prepara sus exámenes de epistemología. Si es un poeta trasnochador el que por allí transita, se imaginaría a dos amantes desvelados febrilmente por la euforia de la pasión. Pero si el que sigilosamente avanza con pasos de lobo por aquella oscura vecindad es el encargado de la censura, le asaltará la sospecha, que él cree infalible, de que detrás de aquella ventana se guarece una gavilla de conspiradores y alertará a la policía secreta para que extirpe aquel foco de subversión”, así explicaba Rodrigo Madrigal Montealegre, politólogo, creador y fundador de la escuela de Ciencias políticas de la Universidad de Costa Rica, aclarando que la democracia es salvavidas para los políticos náufragos, espada para quien la propia palabra no es suficiente defensa , caudal de votos para los populistas, y argumento de su defensa para los corruptos.
Quiero retomar el tema que me inspiró en su momento a escribir ese artículo, cuyo escenario era la Nicaragua sandinista, que había clausurado el periódico La Prensa, cuyos gestores habían luchado por mantener viva la luz de la libertad de pensamiento y expresión. Hoy día, diciembre de 2021, 34 años después de escribir esos párrafos, las libertades siguen siendo sometidas al totalitarismo personalista y caudillista en tiempos que la humanidad se enfrenta a una pandemia global. El efecto político sin duda abarca más aspectos que la libertad de prensa, llega a tocar la libertad en sus profundas fibras, el derecho a la vida misma, por la cual ilustres nicaragüenses han debido abandonar su patria en busca de seguridad personal”, fueron afirmaciones del escritor.

Pareciera que el reloj que marca los minutos y horas de la historia a veces retrocede y nos engaña. En nombre de la Libertad y la Democracia ¡cuántos atropellos a ciudadanos y cuántas violaciones a sus derechos se han tenido que padecer! Hoy, que la muerte nos parece injusta, duele registrar el deceso acaecido hace 100 días del amigo, colaborador y admirado escritor costarricense, Rodrigo Madrigal Montealegre. Quiera Dios darnos un poco más de luz para entender en su intensidad sus ideas: Como analista en los medios de opinión y apasionado polemista, disfrutó siendo un iconoclasta que desmitificó, desenmascaró y denunció en forma seria, objetiva y amena a la demagogia y la manipulación.