by Samaria Márquez Jaramillo

C o n t e n i d o

Editorial

Antes de que la Pandemia pariera la Nueva Realidad, el orden se fundamentaba en dos supuestos: que una economía sana y un sistema financiero robusto conducen a la estabilidad política, y que los países que hacen negocios entre sí no pelean entre sí. Para desmentir lo anterior basta darle un vistazo a los conflictos internacionales de ahora y a las prioridades condicionales que esgrime la inversión extranjera.
La pandemia ha causado cambios permanentes en la forma de vida de los individuos, la forma en que el gobierno sirve a sus ciudadanos, y cómo operan los negocios. Las cosas nunca volverán a ser iguales: La digitalización era una «posibilidad» antes de la pandemia. Ahora es un «deber». COVID-19 ha dado a muchos un curso intensivo en lo digital y ninguno de nosotros volverá a ser el mismo.
Muy pronto habrá una nueva reingeniería social a gran escala. El encuentro humano articulaba y expresaba el consumo, sus modalidades y nuevas expectativas. Basta ver toda la publicidad del siglo XX para darnos cuenta de que encuentro humano, mercancías y consumo formaban la triada cotidiana de la sociedad capitalista.
Los conocimientos científicos y tecnológicos de última generación (genoma humano, nanotecnología, conexión 5G, inteligencia artificial, big data, robótica, neuronas digitales, biología digital) abrieron paso a la construcción de soluciones a la tragedia universal pandémica y del terror a viajar se pasa al horror por el contacto humano, como si el vecino, el amigo, la persona que encontramos en el bus o la calle fuera un potencial vector, un peligro para nuestra salud. Los cimientos de la vieja sociabilidad de la primera, segunda e incluso de la tercera revolución industrial se ven cuestionados. La deshumanización adquiere una nueva escala y el desencuentro se convierte en un “acto responsable”. Se naturaliza el desencuentro humano. Podemos vivir sin estar en contacto con los otros es el mensaje que se instala en la civilización humana.
La nueva normalidad está constituida por certezas sobre la necesidad de repensar la casa, como escenario de vida, trabajo, educación, salud, seguridad y gobernabilidad.
Lo anterior es lo que se aprendió conociendo la Nueva Normalidad expresada por varios pensadores que de diferente forma dijeron que “todo ello nos plantea a quienes nos ubicamos en el plano de las resistencias anticapitalistas, desafíos, tareas y debates. La explotación del hombre por el hombre no desaparecerá por el contrario adquirirá nuevas y terribles expresiones. Los revolucionarios y las revolucionarias debemos desde lo concreto del presente, anticipar el mañana con propuestas alternativas”.