by Samaria Márquez Jaramillo

C o n t e n i d o

Editorial

Es imposible matar a un zombi

El 7 de agosto de 1990 en su discurso de posesión Cesar Gaviria dijo a los colombianos: “Bienvenidos al futuro”. Luego sus ministros Rudolf Hommes, Ernesto Samper y Juan Manuel Santos implementaron la apertura económica y le abrieron la entrada a los pesos pesados internacionales de la economía para que llegaran a maniatar a los productores y comercializadores colombianos, atropellando lo que la democracia obliga con su requisito “igualdad de condiciones”. Como remedio providencial empieza a cumplirse la premisa de que “cuando los peces grandes se coman a todos los peces pequeños, los grandes tendrán que comerse entre sí para sobrevivir…”
Ya Colombia está en ese “futuro” al que nos aventó Gaviria cuando nos condujo a una situación nada benéfica para el desarrollo nacional , en la que se rifaron los recursos naturales y comercialmente se hizo más lamentable la situación pues ahora hay menos empresas exportadoras y de acuerdo con el Dane, la balanza comercial colombiana arrojó una preocupante realidad: El acelerado deterioro de las cuentas externas permite proyectar para este año, 2021, un déficit de la balanza comercial de más de 20.000 millones de dólares, equivalente al 6 por ciento del PIB, uno de los más elevados del planeta.
Por la fuerza de las palabras y de la soterrada agresión a la Democracia, entregamos un presente a cambio de lo que podría suceder en un tiempo futuro, violando esa cuarta dimensión que es el tiempo de lo que no ha sucedido y que es una conjetura, y atropellamos la parte de la filosofía que habla del “nunca tiempo”, porque todo es un eterno presente y el futuro y el pasado son inexistentes.
Nos sometimos al reinado absoluto de la postulación del futuro –posible solo dentro de predicción especulativa- e iniciamos un ir tras una meta sin reparar que ,con artes de prestidigitador, nos habían movido los rieles por los que debíamos rodar.
Ya estamos en ese “futuro” pronosticado, hecho a martillazos presidenciales modelo 1990-1994, pero lo que nos trajo no es mejor de lo que teníamos. No invadimos los mercados extranjeros y 31 años después de la hegemonía del Neoliberalismo aún no somos habitantes del reino todo de oro, pero si somos víctimas de la ambición de los Midas, “magos” de las finanzas neoliberales.
A ilusiones mágicas hay que enfrentar la fuerza de la realidad: El Neoliberalismo está en agonía pero ¿cómo hacemos morir a un zombie?