by Samaria Márquez Jaramillo

La muñeca japonesa

Javier Cortines

La tecnología ha hecho milagros. Nuestras “rabu dori” (muñecas del amor) nada tienen que ver con las muñecas hinchables de los años setenta. Ahora su aspecto es como el de una mujer de verdad, al contacto sientes que tocas piel humana.


El otro día ví en RT (Russia Today) el impactante documental “Sustitutas”, que está colgado en Internet, en el que se describe el fenómeno de las “love doll” japonesas, muñecas de silicona de tamaño natural, con cabezas y vaginas desmontables, que se han convertido en “la compañera ideal” de muchos nipones que desarrollan una relación enfermiza con ellas.

Hay hombres que poseen una o varias “rabu dori”, (muñecas del amor, en japonés), cuyo precio es de unos seis mil euros, con las que “hacen una vida normal” como llevarlas a restaurantes, a hoteles o a pasear en sillas de ruedas por los parques. Muchos de los entrevistados confiesan que “están profundamente enamorados” y no necesitan a ninguna mujer real “debido al desengaño del matrimonio”, entre otras cosas.

En el documental se observa a hombres bañándose con sus muñecas o durmiendo con ellas. Las miman, las peinan, las cambian de cabeza y pelucas y las miran fijamente como si hubieran encontrado el antídoto contra “la profunda soledad” que se vive en una sociedad envejecida, estresada y angustiada.

En la actualidad se venden al año en Japón unas dos mil muñecas de silicona, cuya textura es muy parecida a la humana, según los expertos. 

“La tecnología ha hecho milagros. Nuestras “rabu dori” nada tienen que ver con las muñecas hinchables de los años setenta. Ahora su aspecto es como el de una mujer de verdad, al contacto sientes que tocas piel humana”, explica Hideo Tsuchiya, manager de “Oriente Industry”, uno de los fabricantes del archipiélago nipón.

RT señala que aunque la mayoría de los “usuarios” de las muñecas del amor son hombres, hay un número creciente de mujeres que han empezado a comprar “doll love” masculinos a fin de llenar su vacío afectivo. La fuente añade que en Japón “cada vez hay menos sexo por lo que los japoneses son una raza a extinguir”. 

Este fenómeno, que en Occidente también se da de “forma solapada”, no es más que otra muestra de la podredumbre de nuestra civilización capitalista que potencia las relaciones virtuales e impersonales en deterioro del encuentro animal y real, de la fusión de sangre, alma y carne, que son la esencia primigenia de nuestra especie.

En el caso japonés ahonda, entre otros, la antropóloga y escritora francesa, Agnès Giard, de 51 años, en su obra “Un désir d´humain: Les “love doll” au Japan”. (Un deseo humano: las muñecas del amor en Japón)1.

Para Giard estas “muñecas son un auténtico laboratorio en busca de una vida artificial”, lo que está cobrando -agrego- un impulso global en estos años de pandemia que los gobiernos de medio mundo utilizan “para borrar nuestra identidad”. Esos poderes no quieren la inmunidad de rebaño, sino “la sumisión del rebaño”. 

La soledad, el amor, la amistad y el suicidio son temas recurrentes en la literatura japonesa, que es tan bella como dramática y dura. Desperté mi curiosidad por su narrativa cuando residí un año en Japón en la década de los ochenta. Regresé tres décadas después para reencontrarme con lugares y amigos. Es una sociedad difícil de entender para un occidental engendrado y anestesiado en el ombligo del mundo.

Con “el trauma” de las “rabu dori” me viene a la memoria una gran novela, que recomiendo a todo lector interesado en la cultura japonesa: ”La casa de las bellas durmientes” del Premio Nobel de Literatura Yasunari Kawabata.

Esta terrible historia narra la vida de hombres mayores que acuden a una misteriosa posada para dormir con chicas jóvenes que están dormidas y drogadas. Los clientes del hostal, tan desesperados y “degenerados” como los amantes de las “rabu dori”, pueden acostarse con ellas, pero les está prohibido tocarlas.

Solo pueden entregarse a la fantasía sexual porque el contacto real, gravísimo problema en Japón, es algo prohibitivo “debido a un bloqueo mental” que paraliza a machos y hembras con escalofriantes y silenciosos ataques de pánico.

Y todo eso empezó, allí donde nace el Sol, mucho antes de que llegara a Occidente la época de “los hombres que no amaban a las mujeres” y de “las mujeres que no amaban a los hombres”.

1. Un désir d´Humain: Les “doll love” au Japan”. Editada en francés por Collection Japon. Serie Études, en 2016.