by Samaria Márquez Jaramillo

¿Cómo son las cosas cuándo son del alma?

Samaria Márquez Jaramillo

¿Qué cómo fue señora?, como son las cosas cuando son del alma, dice una poesía, cursi, titulada Duelo del mayoral, de un poeta anónimo; aunque muchos aseguren que su autor es el dramaturgo y poeta cubano-español Manuel Mur Oti nacido en 1908 en Pontevedra, hay constancias de que a finales del siglo XIX en tiempos de vendimia en el Camino a Santiago ya se declamaba.
Las cosas de la vida son inestables. En ocasiones basta un cambio de puntuación para que un significado se modifique al 100%. Una tilde vuelve pregunta lo que antes era explicación. La situación no está para cursilerías. Los componentes que haré constar no son fantasmagóricos ni entelequias. Son cotejos que desembocan en la muerte, después de transitar por la inseguridad, la depravación, la desventura, la perversión que la realidad de cada quien, trajo a cada uno. Me referiré a tres famosos escritores:

De espalda a la realidad se suele  creer en el destino más que en el esfuerzo personal. Dentro de la idea del triunfo, que circuló en 1920 año del jazz, Scott Fitzgerald decía: Si uno triunfa a los 20 años, puede  pensar que todo es gracias al destino. Si lo hace a partir de los 30 tiene  que pensar que  influyó mucho el destino pero, también, hubo mucha voluntad personal y que si el triunfo llega  en la madurez o en la vejez quien triunfa tardíamente debe olvidar por completo al destino y justificar  su éxito únicamente a través del esfuerzo personal, del producto del trabajo, del poder de la voluntad, del no haber cedido nunca sus esperanzas al pensamiento que evoca  derrotas y de haber luchado, en definitiva, contra lo que parecía que era su verdadero destino. Agregaba Fitzgerald:  Si a ese vetusto triunfador le preguntasen dónde cree que está el destino y dónde se manifiesta su poder, posiblemente diría: “Mire, querido amigo, he pasado toda mi vida luchando contra mi propio destino. ¿Sabe usted qué pienso sobre el destino? Pienso que es eso contra lo que hay que luchar ”.

Lo anterior fueron aseguraciones, en los llamados años locos, cuando Fitzgerald, convertido en una de las figuras más representativas del «sueño americano» , por avenidas de gloria y resplandor transitaba con su mujer, Zelda Sayre, personaje fundamental para Fitzgerarld, tanto en la felicidad como en la desdicha, ya que fue su inspiración y compañía en el decenio de gloria que les tocó vivir, y el centro de sus preocupaciones a partir de 1930, cuando él se hundió en el alcohol, “la locura negra que todo lo ve gris”, según expresión de Rubén Darío, y ella en la demencia. Abatido, olvidado y con Zelda internada en un manicomio, Scott Fitzgerald falleció de un ataque al corazón el 21 de diciembre de 1940. Tenía 44 años.

Según algunos críticos  Fitzgerald  poseía una tendencia, casi mística, a disfrutar de la mala suerte, como otras personas disfrutan de la mala salud. Si una cosa marchaba mal en su vida, y siempre parecía que algo no marchaba, entonces daba la impresión de que le gustaba contarlo. Era un buscapenas  que sentía placer dramatizando sus derrotas”. 

El viejo y el mar naufragaron en tierra firme

Por el contrario, a mediados de los años 50, Hemingway representó el papel de macho viril que se atreve a todo pero la senectud robó sus ideales de inmortalidad y de perfección humana y una depresión  paranoica empezó a derrumbar su mente, obligándolo a hospitalizarse para recibir tratamiento en más de una oportunidad. Un domingo de julio de 1961, se quitó la vida. Los destrozos  producidos por el disparos impidieon saber  si se había disparado en la frente o  dentro de la boca.

En la década de los 80, Jeffrey Myers, un académico en ese entonces de la Universidad de Colorado, apoyado en la Ley  de Libertad de información  solicitó al FBI el expediente de Hemingway. Este documento demostró un profundo interés investigativo para esclarecer si el escritor perteneció a una red de  espionaje. Los allegados al autor del Viejo y el mar, y tantas otras obras magistrales, se  dieron golpes de pecho al reconocer que no tomaron en serio las quejas de persecución  y  el  no haber considerado  el potencial impacto que tal vigilancia pudo haber tenido sobre un  hombre que entraba en un período de enfermedad mental. En enero de 1961, el agente especial con la tarea de seguirlo diligentemente informó a Hoover que Hemingway “estaba física y mentalmente enfermo”.  

Zweig eligió morir por Europa

Poco antes de su muerte, acaecida en Petrópolis , Brasil, en 1947 Stefan Zweig escribió con gran desconsuelo sobre Europa . El escritor vienés lo había perdido todo: Su país, su lengua, su familia, sus amigos y a Europa, a la que denominaba “la patria de mi elección”. Zweig no pudo soportar tantas ausencias y se quitó la vida. «Prefiero, pues, poner fin a mi vida en el momento apropiado, erguido como un hombre cuyo trabajo cultural siempre ha sido su felicidad más pura, y su libertad personal su más preciada posesión en esta tierra», argumentó antes de desear a todos sus amigos que vivan para ver el amanecer tras esta larga noche. 

Setenta años después, seguro que Zweig volvería a sonreír, esta vez como manifestación de burla, en la tarde gris del domingo 28 de octubre de 2012 si hubiese sabido de la concesión del Premio Nobel de la Paz a la Unión Europea: 

“La Unión Europea ha sido reconocida con el Premio Nobel de la Paz 2012, por contribuir a «transformar Europa de un continente en guerra a un continente en paz». Al anunciar su decisión este viernes 12 de octubre, el comité Nobel subraya que «durante más de seis décadas, La Unión ha contribuido al avance de la paz y la reconciliación, la democracia y los derechos humanos en Europa».

Mientras que quien escribe lo presente, constructora de vida a fuerza de “golpe a golpe, verso a verso”, se pregunta: ¿Por qué cerros de Úbeda deambulo? ¿Por qué arenales de Babia se están perdiendo mis pasos?  ¿En cuál vida me pierdo? ¿Cuál ha de ser el camino? ¿La fantasía gratuita? ¿La  costosa realidad?

 ¡Como son las cosas de la vida, cuando son del alma!